Cómo Facturar Ingresos Por Conferencias Cursos Y Charlas?

Cómo Facturar Ingresos Por Conferencias Cursos Y Charlas
¿Rendimientos del trabajo o de actividad empresarial? – Esta duda es normal que te surja, en principio, los ingresos que recibamos por impartir conferencias, charlas, cursos, coloquios…,  se consideran rendimientos del trabajo según la LEY de IRPF.

En este sentido, cualquiera puede facturar por dar una charla o conferencia, sin necesidad de realizar ningún tipo de alta de autónomo o alta censal en Hacienda. Estos ingresos tienes que facturarlo con un tipo fijo del 15% de retención, y al ser rendimientos del trabajo, no están sujetos a IVA.

¡Ojo! Si eres  empresario/profesional de la enseñanza, y tu actividad es impartir cursos, entonces sí son rendimientos de actividades económicas. Cómo Facturar Ingresos Por Conferencias Cursos Y Charlas.

¿Cómo facturar un curso de capacitacion México?

¿Cómo se declarar los cursos y conferencias?

De entrada, los ingresos por conferencias, cursos o charlas se consideran rendimientos del trabajo. Por tanto, no es necesario un contrato de trabajo escrito, ni se debe emitir factura. Será suficiente que firmes un recibo, con la correspondiente retención del IRPF al tipo fijo del 15%.

¿Cómo tributan los cursos de formación?

CONCLUSIONES: –

  1. Cuando la empresa se hace cargo del importe total del curso de formación, y el curso se considera formación necesaria para el puesto de trabajo, la formación estará exenta de tributación en el IRPF y tampoco cotizará en Seguridad Social.
  1. Cuando es el trabajador quién asume el coste del curso de formación, pero la empresa se hace cargo anticipadamente del pago, la empresa tendrá que descontar de la nómina el importe del curso financiado. En este caso, el trabajador conservará la misma base de cotización, el mismo porcentaje de IRPF, pero en cambio el neto de su nómina resultará más elevado puesto ahorrará (el trabajador) la parte proporcional de la tributación de IRPF.
  1. Cuando la empresa y el trabajador se distribuyen la asunción del gasto, considerando que la formación es exigida para el desarrollo de sus actividades, estará exenta de tributación, pero cotizará por la totalidad a la Seguridad Social. La base de cotización se verá aumentada por el importe que la empresa asume.

Ante cualquiera duda, quedamos a su disposición. CONTACTO .

¿Qué son los gastos de capacitacion?

Aplicación del Gasto – Una pregunta muy frecuente sobre gastos de capacitación, es: Miguel, ¿Los gastos de capacitación incluyen diplomados, maestrías y doctorados?. Es importante saber la definición de un gasto de capacitación, para ello recurramos al inciso k) del artículo 21 del Reglamento de IR: Entiéndase por sumas destinadas a la capacitación del personal, a aquéllas invertidas por los empleadores con el fin de incrementar las competencias laborales de sus trabajadores, a fin de coadyuvar a la mejora de la productividad de la empresa, incluyendo los cursos de formación profesional o que otorguen un grado académico, como cursos de carrera, postgrados y maestrías. Por ejemplo:

  • Cursos de Ergonomía.
  • Sesiones de Yoga.
  • Clases de Oratoria.
  • Talleres de Etiqueta Social.

Lo importante, es recordar lo mencionado en el Decreto Legislativo 1120: … a efectos que la misma repercuta en la generación de renta gravada y en el mantenimiento de la fuente productora. Si bien es cierto, se exonera el principio de generalidad para la evaluación del gasto, pero debes tener en cuenta los siguientes principios :

  • Causalidad
  • Razonabilidad
  • Proporcionalidad

Para hacerlo más sencillo, realiza gastos de capacitaciones relacionados con el giro de la empresa.

  • Estudio Contable: capacitaciones en tributación.
  • Una industria: capacitaciones en seguridad ocupacional.
  • Empresa de Seguridad: capacitaciones en defensa personal.

De esta manera es poco probable que es el gasto te lo vayan a reparar. Suscríbete para recibir una notificación cada vez que subamos un video >> canal de youtube aquí.

¿Cómo se facturan las clases particulares?

Emisión de factura – Los empresarios y profesionales  están obligados a emitir factura en el ejercicio de su actividad. Deberá contener: número de factura, fecha, nombre, domicilio y NIF tuyo y del alumno, descripción del servicio prestado e importe.

  1. Sin  embargo, el Reglamento de facturación señala que no es obligatorio emitir factura cuando las clases particulares estén exentas de IVA, salvo que el destinatario lo exija;
  2. Aunque no debas emitir factura si no te lo requieren, si tendrás que llevar un Libro Registro de Ingresos , numerándolos correlativamente según la fecha de realización ya que es obligatorio a efectos de IRPF;

Este libro, junto con el Libro Registro de Gastos, sirve de base para obtener el rendimiento de la actividad económica en la declaración de la renta.

¿Cuánto se cobra por una conferencia de una hora?

El sueldo nacional promedio de un Conferencista es de MXN$14,086 en México. Sueldos de Conferencista.

Cargo Sueldo
Sueldos para Conferencista en Secretaría de Educación Pública – 1 sueldos informados $4,586/h
Sueldos para Conferencista en Sí a la Vida – 1 sueldos informados $14,086/mes

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¿Qué porcentaje de retención tienen los cursos de formación impartidos puntualmente considerados rendimientos del trabajo?

Cómo Facturar Ingresos Por Conferencias Cursos Y Charlas Hoy saco a relucir un tema que da ciertos quebraderos de cabeza a aquellos que dan charlas, coloquios, cursos, conferencias y seminarios. La cuestión trascendental no es solo analizar si es preceptivo darse de alta o no como autónomo, sino el cómo declarar los ingresos percibidos en el IRPF. Existen dos formas de declarar esta realización de acciones formativas: – Rendimientos del trabajo Según el art.

17. c) de la Ley del IRPF se consideran con carácter general rendimientos del trabajo: “l os rendimientos derivados de impartir cursos, conferencias, coloquios, seminarios y similares “. Por tanto, no es necesario un contrato ni emitir factura , aunque sí firmar un recibo donde se indiquen quién ha impartido el curso, charla, coloquio o conferencia, el importe cobrado, los datos de la persona o entidad para la que se ha prestado el servicio, la fecha y lugar y la firma de la persona que lo emite.

Por supuesto sin IVA ya que las rentas del trabajo están no sujetas a ese impuesto indirecto. Sobre dicha cantidad se practicará por el pagador la retención a un tipo fijo (actualmente, al 15%) y se indicará en el resumen anual 190 de retenciones con la clave F ” Cursos, Conferencias”.

– Rendimientos de una actividad económica Como excepción a las rentas del trabajo, el  art. 17. 3 de la LIRPF indica que esas acciones formativas se calificarán como rendimientos de actividades económicas si suponen “la ordenación por cuenta propia de medios de producción y de recursos humanos o de uno de ambos, con la finalidad de intervenir en la producción o distribución de bienes o servicios ” (colaboración de otras personas en la impartición de la formación, si el formador diseña contenidos, cronograma, si elabora los materiales didácticos, si imparte las clases en un local propio…).

En estos casos, se puede entender que el profesional sí realiza una actividad económica, no un trabajo, por lo que debiera tener su alta en Hacienda y emitir factura (no llevarán IVA los contenidos de formación que no se encuentren incluidos en un plan oficial estatal de estudios).

  1. Asimismo, hay muchos profesionales autónomos que no se dedican habitualmente a la formación y a ellos, su epígrafe profesional específico en el IAE les faculta para impartir formación en materias del área de su conocimiento , sin necesidad de darse de alta en un nuevo epígrafe correspondiente a formación;

Por ejemplo, un abogado puede impartir formación sobre aspectos legales con su epígrafe de abogado, sin necesitar un alta censal nueva. Suele ser muy usual ver abogados, economistas, arquitectos, ingenieros, etc. dando cursos, conferencias o seminarios sobre materias relacionadas con su actividad profesional. ”  Cómo Facturar Ingresos Por Conferencias Cursos Y CharlasLo mismo viene a decir la consulta vinculante de la DGT V1171/2005 de 17 de junio de 2. 005, en la cual aborda el caso, como el mío, de profesores que imparten clases en la Escuela de Prácticas Jurídicas de un Colegio de Abogados:          ” Los rendimientos que perciba un profesor por impartir clases en la Escuela de Práctica Jurídica de un Colegio de abogados, (…) excepcionalmente, se calificarán como rendimientos de actividades económicas si existe una ordenación por cuenta propia de factores productivos , que como regla general se produce cuando el contribuyente interviene como organizador de los cursos, conferencias o seminarios, ofreciéndolos al público y concertando con los profesores o conferenciantes su intervención en tales eventos, o cuando participa en los resultados prósperos o adversos que deriven de los mismos, e igualmente cuando el contribuyente ya viniera ejerciendo actividades económicas y participara en dichos eventos, en materias relacionadas directamente con el objeto de su actividad, de manera que pudiera entenderse que se trata de un servicio más de los que se prestan a través de dicha organización.

  • Existen consultas administrativas de la DGT – 26/04/2007, vinculante V0880/2007, 15/06/2007 vinculante V1247/2007, 16/03/2000, vinculante V0036/2000,  entre otras muchas , que establecen lo siguiente:          “Igualmente, cabe entender que se obtienen rentas de actividades económicas de estos cursos o conferencias cuando, aunque se realicen de manera accesoria u ocasional, el contribuyente ya viniera ejerciendo actividades económicas y participe en dichos eventos, en materias relacionadas directamente con el objeto de su actividad, de manera que pueda entenderse que se trata de un servicio más de los que se prestan a través de la citada organización;

Siguiendo la literalidad de esta consulta, se llega a la conclusión de la impartición de cursos por estos profesionales se considera rendimientos de actividad económica. Dichas rentas tienen misma retención al 15%, si bien la clave es la G (rend. profesionales) en el resumen anual que presente el pagador (modelo 190).

  1. El problema principal con Hacienda suele venir porque las empresas pagadoras desconocen que el formador puede simplemente firmar un recibo como justificante del pago y no una factura, o bien desconocen como calificar ante Hacienda la retención practicada en estos pagos;
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La retención debe ingresarse a través del modelo 111 como rendimiento del trabajo o profesional, con su clave correspondiente. Si hay error en esas claves (el pagador lo declara de una manera y el formador de otra), es cuando la AEAT cruza los datos y el formador puede ver paralizada su devolución o verse requerido para que justifique ese desajuste.

  1. Otro motivo por el cual deben estar los formadores alerta por cuanto Hacienda cruza los datos es por el tema de gastos deducibles;
  2. Un formador que declare sus ingresos por cursos o conferencias como rentas del trabajo sabe que tiene limitado sus gastos a los 2;

000€ de gastos genéricos; en cambio, los que los declaren como rentas profesionales no tienen esa limitación. Por consiguiente, suele existir esa picaresca tributaria de formadores que en función de sus otras rentas que declaren, “eligen” cómo declarar estas charlas, cursos, conferencias, seminarios o coloquios.

  1. A modo de ejemplo , imaginemos un “charlista” arquitecto que da cuatro charlas al año sobre su materia y que cobra por ello, 2;
  2. 000€;
  3. Él tiene su estudio por el que ingresa por su actividad profesional (renta principal);

A efectos fiscales y siendo en puridad en base a las consultas citadas, rentas profesionales, será mejor que los declaré como rentas del trabajo para que el efecto sea neutro por aplicación de esos gastos de 2. 000€ y le devuelvan las retenciones practicadas por esos cursos o conferencias (300€).

  • Caso opuesto, arquitecto que tiene un sueldo (contrato fijo con una empresa);
  • Sus rentas del trabajo como arquitecto ya han agotado el gasto graciable de los 2;
  • 000€;
  • Aparte, da charlas y  conferencias puntuales sobre su materia especializada por importe de 2;

000 al año. A efectos fiscales, le sería algo más conveniente que los declarase como rentas profesionales y así poderse ver favorecido por la inclusión de algunos gastos deducibles relacionados con esa actividad formadora como charlista. En fin, picaresca al margen  – que realmente supone el chocolate del loro por cuanto el ahorro no es muy elevado, amigos – , creo haberos ayudado a distinguir como declarar esas rentas en el IRPF por dar charlas, coloquios, cursos, conferencias y seminarios.

¿Cuánto se le paga a un conferencista en Colombia?

El precio de cada conferencista depende de varios factores: el tema a tratar, la duración de su conferencia pero sobre todo su prestigio y experiencia internacional. Los colombianos que están en primera línea pueden recibir entre cobrar entre US$10 mil y US$ 50 mil dólares según el portal promocional de HiCue Speaker.

¿Cuánto cuesta una conferencia de Yokoi Kenji?

Cómo Facturar Ingresos Por Conferencias Cursos Y Charlas Yokoi Kenji Díaz, el japonés que puso de moda Ciudad Bolívar Hace tres años y medio, muy lejos de aquí, en Yokohama, este hombre con pinta de extra de película de Jakie Chang, llamaba la atención de los japoneses y alertaba a las autoridades de la isla, por reunir “sospechosamente” a demasiados jóvenes, como resultado de una rara competencia con su socio brasileño, Clayton Uehara, por ver quién “conseguía” más rápido 100 “amigos” en las calles de una ciudad donde, por tradición, nadie roza la soledad de nadie. Su amigo, con el aire angelical de ‘Kaká’ y con su música carioca, cumpliría primero la meta. Ahí comenzaría todo para Kenji. Fue su primer gran intento por tocar el tema de la amistad y espantar, a su manera, esa sombra fría del suicidio entre los japoneses.

Sombra que alcanzó a nublar también sus propios pensamientos. En Bogotá seguiría recorriendo las calles de su infancia, en San Francisco, Ciudad Bolívar, con una idea fija en su cabeza: mostrarles a jóvenes orientales, y a sus vecinos de barrio, la riqueza de su sector como una gran razón para seguir viviendo, a través de un plan de turismo dirigido, de cursos, conferencias y servicio social dentro de su comunidad en la periferia.

Y ya lleva siete años en esto. Hasta aquí era el “chino” de Ciudad Bolívar, así le dicen en el vecindario. Sin embargo, a finales del año pasado, cuando apareció en un video, hablando en nombre de los jóvenes emprendedores en un evento de reconocimiento de la Cámara Junior Colombiana a su liderazgo, cambia de apodo y se convierte en el “chino del video”, uno de los más vistos por esta época en YouTube.

  1. Un video que comienza con Kenji diciendo: “Mi padre es de una pequeña ciudad llamada Niigata, en Japón, muy conocida por su producción de arroz;
  2. Y yo hablo español porque mi mamá es del Tolima;
  3. Entonces, tengo arroz por los dos lados, nací predestinado a comer arroz;

Tuve el honor de nacer en Colombia, viajé a los 10 años a Japón y estuve hasta los 24 y estando allá descubrí cosas grandes de Colombia. Ni su propia mamá, doña Martha Díaz, entiende qué es lo nuevo que hizo su hijo y lo llama desde Yokohama, donde vive con su marido Yokoi Toru, para preguntárselo: “¿¡Oiga, usted qué fue lo que dijo en el video que todo el mundo nos llama!?”.

Pero no es nada más que lo mismo que ha hecho durante los últimos siete años, sino que ahora la noticia vuela en este video disparado por los cañones de internet. Por todo este estrépito es que atravesamos toda la ciudad un sábado y esperamos a las dos de la tarde, en la sala de su pequeño apartamento, muy cerca del Parque El Tunal, a que aparezca.

Está atrasado, viene de otra entrevista, esta vez en radio. Cruza la puerta blanca metálica y automáticamente se quita sus zapatos deportivos y los pone sobre un estante bajo en una columna. Se ve acalorado. Tiene todavía el afán prendido en el gesto de su cara y en su cuerpo menudo tieso como una armadura, hasta que lo saluda su pequeño hijo, Keigo Daniel, de tres años, y su estrés se disuelve en un gran abrazo.

  1. Al fondo se oye un murmullo de un televisor cargado de monos animados que delata la presencia de Kenji David, su otro hijo, el mayor, de nueve años;
  2. Aleisy Toro, su esposa paisa, le sirve un vaso de refresco muy amarillo;

Por fin se sienta y vuelve y se para como un resorte cuando ve al fotógrafo, se vuelve a poner los zapatos, pero esta vez no los informales que traía, sino unos negros de cuero de amarrar. Al fondo, su amigo Clayton escucha en silencio. El video es como un virus y eso multiplica su imagen y multiplica sus compromisos.

¿Esa es la ecuación? Sí, bueno, pero lo del video es una parte de una conferencia de cosas muy interesantes que tiene el japonés, y cosas muy interesantes que tiene el colombiano. ¿Esa conferencia la está dando hace cuánto? Como siete años.

Para nosotros, para mi población en Ciudad Bolívar, es muy normal lo que yo digo. ¿Como interpreta este vitrinazo en internet? Era la primera vez que subíamos algo a internet. No nos imaginamos que una parte de la conferencia fuera a causar tanto impacto.

  1. Parece que hay una necesidad muy grande en el país por esa identidad y ese sentido de pertenencia;
  2. Así interpretamos ese boom tan grande, aun fuera del país;
  3. ¿De que países lo están llamando para que vaya y les hable? De Australia, Estados Unidos, Canadá, Noruega y bueno, por supuesto, de Japón;

Está condenado a repetir la conferencia. Claro, porque, por ejemplo, Clayton –que me acompaña con la música en nuestras conferencias– ya no se ríe de mis chistes, porque está cansado de oírlos. Y yo tengo que decirlos y reírme. Si tiene que poner un aviso clasificado en el periódico, de lo que hace en Ciudad Bolívar, ¿qué pondría en ese aviso? Descubrir que somos ricos, afortunados.

Que es una población maravillosa, que la mayoría, la gran mayoría, es una población que madruga muchísimo a trabajar, a andar largos trayectos para perseguir un sueño. ¿Ciudad Bolívar entra en su vida por sus abuelos maternos? Sí, correcto.

Yo nací en Bogotá, Ciudad Bolívar. Yo soy de Ciudad Bolívar. Lo que pasa es que crecí en Panamá y en Costa Rica por la empresa en que trabajaba mi padre. Él es ingeniero de la NEC y ahora está con todo el tema satelital. Sin embargo, a los diez años, por el secuestro de un japonés que hubo aquí, sacaron a los funcionarios, y a raíz de eso fue que yo me voy a Japón.

  1. Pero en mi infancia siempre hubo muchas marcas de la vida en Ciudad Bolívar;
  2. Y marcas muy positivas;
  3. Una de esas marcas;
  4. He ido a muchos centros de diversión en el mundo, pero nada como las canteras con un cartón, y bajar todo sucio lleno de tierra;

A las que yo iba ya no están, se comieron gran parte de esa montaña, pero es del Juan José Rondón hacia arriba. Kenji, ¿por qué equipo de fútbol va? Por ninguno. ¡Ah!, bueno, me gusta mucho el Once Caldas porque fue a Japón y representó a Colombia, entonces nos llenó de orgullo y nos volvimos del Once.

Era como una noticia positiva de Colombia, pero perdimos. Kenji, ¿qué lo deprime? Me deprime pensar que voy a pasar por la vida y no haber hecho algo, no de fama sino de legado para mis hijos. Para que ellos continúen con una herencia de principios.

Pero lo está haciendo. ¿Qué le falta? No, esto no es nada todavía. Esperamos cambios muy grandes. Somos muy optimistas y ese es nuestro punto. Pero en realidad sabemos que el monstruo que enfrentamos, con 32. 000 suicidios al año en Japón en 12 años consecutivos, es muy grande y le estamos haciendo cosquillas.

  • Que el monstruo que enfrentamos con la justicia, con la pobreza y la pobreza mental que hay en mi sector, es muy grande;
  • Hoy ayuda a mucha gente, pero cuando usted necesita ayuda, ¿quién lo hace? Cuando estaba en Japón y me sentía desesperado, llamaba a Colombia y me decían: “Tranquilo, mijo, cualquier cosa véngase;
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Aquí donde comemos tres comemos cuatro, esta es su casa”. Eso le daba a uno fuerza para continuar. Yo le debo mucho a Colombia. Los problemas que me agobiaban en Japón eran tontos en comparación con los problemas de mis amigos aquí y, sin embargo, sonreían.

Yo decía: “No, éstos son unos duros, quiero ser así”. ¿Qué lo agobiaba en Japón? Bueno, en Japón uno sufre de depresión. De soledad. Uno lo tiene todo porque es un país muy rico. Y uno está en las estaciones del tren y comienza hasta a hablar solo.

Y como nadie habla con nadie, uno comienza a considerar el suicidio. ¿Pensó en suicidarse? Sí. Hablo con mis amigos mucho de eso. Mis amigos que, aunque son latinos, crecieron en Japón, como Clayton. Les pregunto: “¿Pensaron en algún momento quitarse la vida?”.

Y la mayoría me dice que sí. Es raro. No tenemos explicación pero es muy común en Japón. ¿A qué edad pensó en quitarse la vida? Punto crítico a los 14 años, cuando estaba en un limbo académico, porque no había aprendido muy bien el español, y ahora estaba enfrentando un nuevo idioma, una nueva cultura una nueva escritura, todo.

No me veía ningún tipo de futuro. ¿Y simplemente se piensa en la muerte, o hay una elaboración para llegar a eso? No sé en los otros casos cómo será. En mi caso solo fue una simple consideración que me hacía llorar. Lloraba. Me sentía muy solo. Y comienza uno más que a pensar en el suicidio, a cuestionar la vida: “¿Yo qué estoy haciendo, para qué estoy viviendo, por qué estoy vivo?”.

Entonces la conclusión es ¡muérase! No porque uno anhele la muerte sino porque tiene conflictos con la vida. ¡Qué paradoja, sentirse solo entre 130 millones de japoneses! Bueno, el que visita Japón se da cuenta de por qué.

En Japón si usted está en el tren, nadie atiende un teléfono, es prohibido, pero nadie habla con nadie. Hay un silencio, y hay una rutina, se logra escuchar la respiración de las personas y el sonido del tren. Y si uno intenta hablar, interactuar con alguien, es rarísimo.

No le van a responder. ¿Y eso por qué? El respeto al espacio, se dice en Japón. Cada persona tiene un espacio. Alguien se cae y todos se quedan mirando. No porque no les importe, sino porque hay tanto respeto por el espacio del otro que no ayudan a nadie.

En Japón no se da el estrechón de mano. Es la venia, solamente. ¿Y qué encuentra aquí? Uno llega agobiado de todas esas preocupaciones, con los últimos y mejores tenis, con todo lo mejor, y encuentro un pueblo mucho más feliz que yo. Y me aceptaban, a pesar de que yo fui un “pupi” que creció en Ciudad Bolívar, me amaban, decían: “Uy, lléveme a Japón,” y yo pensaba: “No, qué va a ir para allá, a mí me toca estar allá”.

¿Era el “pupi” de Ciudad Bolívar? Sí, porque yo crecí en Panamá, con el hijo del cónsul, por la empresa de mi papá siempre con lo mejor. Y cuando traía maletas llenas de juguetes a donde mis abuelos, era un show.

Toda mi casa se llenaba de niños, para ver. Pero con el tiempo me di cuenta de que esa alegría que ellos manejaban, con un solo patín tirándose de una pendiente, yo no la tenía. Catorce años en Japón lo hicieron comparar estilos de vida, el de allá con el de acá.

Pero, ¿cómo empezó todo? Con la palabra amistad. Crear amistades. A mí me marcó mucho que mi abuelito, que tenía un almacén aquí en San Francisco de telas y zapatos, se paraba en la puerta –ya falleció, don Jaime Gómez, el paisa– entonces él de repente miraba una persona y le decía: “Juancho! Venga, mijo, venga.

¿Qué está haciendo? Usted es nuevo acá”. Lo que supe luego es que él a todos les decía Juancho para llamarlos, y la persona volteaba a mirar y en ese instante se hacían amigos. ¿Quiere seguir los pasos de su abuelo? Era un hombre que me marcó porque hacía amistades y era una figura pública.

Un líder innato, muy sensible. Por eso yo llego a Japón y me digo que en mi vida voy a comenzar a hacer eso. Y ahí comenzó la locura. Porque como tengo sangre extranjera me perdonan que yo haga locuras. Entonces comencé a abrazarlos.

¿Qué más hizo? Hicimos campañas de sensibilización como el “día de la sonrisa”. Algunos no sonreían. El “día del saludo” lo aceptaron. El “día del abrazo” no. Tuvimos que vestirnos de muñequitos, de peluches, para que pudieran abrazarnos. Porque el abrazo ya es demasiado íntimo.

**** Entra Leysi, su esposa, con una foto de Kenji de niño con todos sus compañeritos de la primaria en Japón. No es más que un punto en un mar de cabecitas todas muy semejantes, como dentro de un sistema integrado.

Luego hallaría su diferencia, con su nostalgia y su regreso a Bogotá, su ciudad natal, donde encontraría las verdaderas razones para vivir y ayudar a vivir a colombianos y japoneses. **** ¿Qué nos enseñan los japoneses? Ellos se van con nuestro cariño, amor y afecto.

  • Pero ellos nos tienen que dejar algo;
  • Las mamás de Ciudad Bolívar me decían: “El japonés que dejó en mi casa aprovecha toda la verdura;
  • No deja nunca una luz prendida;
  • Jamás una llave abierta;
  • Se preocupa mucho, y se baña rápido;

¿Por que?”. Es que ellos viven en un país pequeño, no tienen oro, petróleo, esmeraldas, café, flores. No tienen nada y todo lo valoran. Bueno, vamos para atrás. Su papá, ¿por qué llega a Colombia? Por NEC. Una empresa muy fuerte aquí en Colombia. Crecí visitando restaurantes japoneses en Bogotá, Panamá y Costa Rica.

De repente, tal vez por lo del secuestro y asesinato de un japonés, Colombia no se volvió muy segura y a los diez años nos fuimos a Japón. Su primera impresión al ver Japón, ¿coincidía con lo que su papa le había contado? No.

El padre japonés casi no habla con sus hijos. No se sienta a decirle “mire, mijo”. Nada de eso. Mi papá nunca me abrazó, porque mi abuelo jamás abrazó a mi papá. ¿Y tampoco le contó lo que era Japón? No, nada. El papá japonés regaña y punto. Entonces uno crece con un respeto muy grande por el papá.

Pero sin diálogo. Hasta el día de hoy, si nos encontramos, yo no sé qué decir, ni él sabe qué decir. Yo vengo en el avión todo el tiempo diciendo: “Lo voy abrazar, lo voy abrazar, lo voy abrazar”. Y cuando lo encuentro entro en un círculo: “Sí, señor, todo bien, todo bien”.

¿Usted qué estudió? Ciencias religiosas, orientales y cristianismo. Cuatro años y un año de práctica en Brasil. ¿Buen estudiante? Nunca lo fui. Pero tampoco me iba muy mal. El que estudia Ciencias religiosas, ¿en qué trabaja? Misioneros, trabajo social, pastores.

  • Hay los que estudian y le dan inclinación musical, para hacer gospel, tipo Clayton que es pastor pero misionero de Gospel;
  • Y en mi caso mi inclinación fue el trabajo social;
  • Me interesó mucho el tema de humanidades, de ir a hacer misiones en lugares lejanos;

¿Ahí ya había superado las ideas de suicidio? Sí, pero no la soledad. Ya uno no habla solo, habla con Dios. Pero sigue sintiendo mucha soledad. ¿Es una idea, entonces, que siempre está presente? Ni un bendito amigo. ¡Era una alegría ver un peruano o un brasileño! Era una alegría porque a los japoneses les dan dos horas para ir a jugar, y cuando faltan cinco minutos se desaparecen.

Uno les va a gastar algo y dicen: “Huy, no, no me gaste, mi papá me prohíbe que me gasten”. Porque no es bueno ser carga para nadie. Los novios comienzan un noviazgo y los primeros tres meses cada uno paga lo suyo.

Si las cosas no funcionan ni le debo ni me debe. Es una cultura. ¿Es como la epidemia de lo correcto? Sí. Muy bien dicho. Se maneja muchísimo una cara superficial de que todo tiene que ser perfecto. Hacer la venia. Aquí hablamos y nos gusta hablar de la disciplina japonesa.

  • Allá hablamos en contra de eso;
  • Dejen de ser tan cuadrados;
  • ¿Por qué todo tiene que ser perfecto? ¿Por qué uno no se puede reír duro? ¿Por qué no puedo levantar las manos? ¿Por qué no puedo gritar? ¿Por qué no lo puedo abrazar? Denle espacio al espacio, tiene que lograrlo;

Saquemos al japonés de la rutina y metámoslo en esta locura de improvisación latina. Encontró novia y esposa colombiana en Japón. ¿No le gustan las orientales? Intenté y no pude. ¿Qué tienen las colombianas que no tienen las japonesas? Para el latino la japonesa es una belleza exótica.

  1. Así que al latino una japonesa bonita le parece lo máximo, y yo lo entiendo;
  2. Yo que crecí en Japón, viendo japonesas todos los días, por eso ver una latina era como si se me apareciera la virgen;
  3. Entonces todos estábamos esperando a ver quién llegaba de Colombia;
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¿Qué tienen las japonesas que no tienen las colombianas? Una administración impresionante. El japonés llega y la mujer japonesa está de rodillas esperándolo. Cuando mi mamá vio eso dijo: “¿Se arrodillan a esperar al esposo?”. Sí, cuando hay mucha cultura en el hogar, sí.

“¿Cultura arrodillarse?”. Y el japonés le entrega todo el salario a la esposa. Mi mamá dijo: “Bueno, así sí me arrodillo”. Porque la mujer japonesa administra el dinero. Y es increíble cómo lo administra. Su mamá les enseñaba a los japoneses a bailar cumbia.

¿Son buenos? No, no. Eso son meses enseñándoles a mover la cadera. Meses. Es una terapia. Pero es mucho más fácil que enseñarles a bailar salsa. Ahora tenemos niñas que bailan cumbia fantástico. No han conocido Colombia, pero bailan cumbia. Porque mi mamá tiene la escuelita en Yokohama.

A los 24 años decide volver a Colombia, ¿por qué? En la Misión Presbiteriana Renovada con que trabajo había recursos para África. No había un recurso que dijera: “Vamos a mandarlo a Colombia”. Y como no lo había decidí entonces trabajar bastante para poder venir.

Y lo que me llenó la copa fue una noticia. Nosotros alquilábamos los noticieros de Colombia en Japón, y en uno de esos llego la noticia de un moreno que secuestra una trabajadora social y le pone una cuchara rota en el cuello. Dice que no la suelta y le va a hacer daño si no le dan de comer a sus hijos que tienen hambre.

Cuando él dijo eso yo estaba en Japón, teníamos La Esmeralda, una tienda, y nos estaba yendo como bien. ¿Qué vendían? Papa criolla enlatada, plátano hartón verde. Eso solo lo teníamos nosotros. Mi esposa nunca había hecho empanadas y allá se hacían 60 diarias.

Cada una a 6. 000 pesos. Una pony malta, una colombiana, $8. 000. Y eso cuando había, porque a veces los contenedores se demoraban tres meses en llegar. Era una tienda especialmente para las colonias colombiana, peruana y brasilera. Cobrábamos cuatro dólares por el alquiler de Betty, la fea.

Entonces ve la noticia del hombre amenazando a la mujer. ¿Y qué pasó? Me tocó mucho, porque nos estaba yendo muy bien, pero mi otra pasión era lo social. Estudié para ser trabajador social y me sentí muy mal.

Dije: “¿Yo qué estoy haciendo aquí, sin Colombia, donde se necesita tanta ayuda?”. Desde eso comencé a ayudar, a enviar mercados para los desplazados. Una iglesia local me ayudó. Comenzamos a hacer eso y nos llenamos de alegría. Hasta que al año nos vinimos. ¿Con qué se encontró aquí? Cuando llegué, dijeron: “¿Qué nos trae, trae comida? ¿No? ¿Nos va a enseñar japonés? No, no, mejor nos vamos allá porque allá si dan”.

Entonces me di cuenta de que las donaciones hacen daño también. La gente dice: “Soy pobre, por eso lo merezco todo gratis”. Veo que la pobreza es una consecuencia de una pobreza mental que necesitamos combatir.

Y comenzamos a dictar todas estas charlas de capacitación sobre dominio del carácter, un NO rotundo a la violencia, a las dependencias, un NO rotundo a la manipulación, sea de índole religiosa o política. Un NO rotundo a la falta de identidad, a tirar papeles al suelo, a agredir a las personas, todos estos temas son los que estamos trabajando en nuestro sector.

¿Qué es lo que olvidamos los colombianos? Que la riqueza más grande que tiene Colombia son las personas. Olvidamos que no es el extranjero, sino el que está hace años conmigo, el importante. Que no es el que tiene un título y viene en un buen carro al que debemos tratar bien.

Es a mi vecino, a mi prójimo. ¿Y qué olvidan los japoneses? Que no están solos en el mundo. Que no son los únicos de la tierra, y que no es solo la cultura de Japón la que existe. Que pueden aprender de un extranjero, así no haya tecnología, que pueden aprender de otro país.

  1. ¿Qué olvida usted? Que el público más importante que tengo y que enfrento son mis hijos y mi esposa;
  2. Y con todo este agite, los abandono;
  3. Necesito acordarme de eso;
  4. No se me puede olvidar;
  5. ¿Cómo lleva su mensaje de que no somos pobres sin que ofenda o suene a broma para los más pobres de Colombia? Justo la población que es realmente pobre es la que no se ofende;

Veo que hay rechazo en el tema en las personas que tienen, y piensan en el pobre. Pero el que realmente sufre día a día con ese tema del dinero, el salario y todo eso, es un pueblo muy agradecido, muy grato. ¿No lo han malinterpretado eso de decir que NO somos pobres? Es un tema que no nace de la noche a la mañana, no es solamente una frase bonita.

Saben que estamos fuertemente luchando contra la pobreza en nuestro sector. Lo que pasa es que los medios de comunicación utilizan frases que no he dicho. Por ejemplo, salgo en El Tiempo con una frase que nunca dije: “Yokoi Kenji se declara enamorado de la pobreza”.

Ese fue el golpe más bajo que he tenido este año. ¿Yo, enamorado de la pobreza? Cuando trae japoneses a Ciudad Bolívar, para mostrar su riqueza, ¿qué les muestra? Primero los llevo al norte de la ciudad. Les doy un roce social por los lugares más cotizados de nuestro sector.

  • Les mato esa imagen de que Colombia solo es una montaña donde hay lagos y donde Juan Valdez está por ahí escondido de la guerrilla;
  • Luego los preparo: “Ustedes van a entrar a Ciudad Bolívar;
  • No van a ver pobreza, van a ver un pueblo alegre que persigue con mucha tenacidad sus sueños”;

Los preparo para que no sean el turista que dice: “Pobrecitos, yo les envío algo”. No, no, no. Esto dura dos días, este entrenamiento, y ahí los dejo una semana con una familia capacitada que los acoge. ¿Y después de esa semana, qué? A la semana que voy, parecen otros.

Se ríen mucho, abrazan mucho. Hay una afinidad enorme entre ellos y el barrio que los adopta. Hasta la bandita más mala que hay en el barrio, todos dicen: “El japonés, el japonés”. Todos lo cuidan. El japonés sale de aquí y dice: “¿Este es el lugar que decían que es tan peligroso? ¿Y este es el país donde decían que de pronto nos secuestraban?”.

Es una cosa lo que dicen, otra cosa es lo que viven. ¿Esos japoneses que trae han tenido tendencia a la depresión, al suicidio? Uno que otro, pero uno de los que vino tenía cinco intentos de suicidio. ¿Cómo llegó, y cómo se fue? Llegó tomando medicina. Aquí tenía que tomar medicina.

  • Aunque lo manejamos de una manera muy discreta, nadie se imaginó que era Yoshiyuki, porque era el que más se reía, el que más le sacó el jugo a Colombia;
  • Hoy es como el orgullo de Turismo con Propósito;
  • ¿Cuál es la moraleja? Que la solución no está en salir del país, es entender que en Japón debemos aprender a ser felices y a contar, a hablar más;

El japonés no habla, y si tiene depresión menos. Entonces, lo que aprenden del colombiano es que el colombiano habla cuando le duele cualquier cosa o cuando le gusta o no le gusta algo. El japonés a todo dice sí, sí, sí. ¿Volvería a irse definitivamente para Japón? ¿Definitivamente? No.

¿Su final es japonés o colombiano? Colombiano. Sí, es que una finca en Japón es carísima. ¿Y quiere tener una finca? Bueno, soy capitalino. Me gustan los edificios, el sonido y todo. Pero me imagino que cuando ya esté con mis años, quiero como todos, como Juan Gossaín, un árbol con iguanas.

¡Uy, me fascinan las iguanas! ¿Su papá esta orgulloso de usted? Ahora sí, antes no. Siempre dijo: “Es un tonto, yo siempre tengo que asumir todos los problemas en que ese muchacho se mete”. Pero cuando celebramos el “día especial del amigo”, en Yokohama, y logramos reunir 200 nuevos amigos recogidos en la calle, él se ofreció a pagar la gaseosa colombiana para todos.

Ese día les dimos a todos gaseosa gratis. Estaba muy contento. Para mí eso fue el primer abrazo de mi papá. La ultima vez que fui, me dijo: “Bueno, chao”, y me dio una palmada en la cola. Yo casi me pongo a llorar ahí.

*** Aunque parece impasible, su procesión va por dentro. Este hombre de 31 años, que se muere por el karaoke de allá y por las tajadas de plátano maduro de acá, que añora el “udon” –una especie de sopa de espaguetti grueso que se come parado y sorbiendo con unos palillos–, en las estaciones de tren de allá, y que no cambia por nada una taza grande de tinto de acá, este hombre atravesado por dos mundos muy distintos quiere organizar a Colombia, su casa, y ya empezó por el barrio de su infancia.

¿Cómo llegar a ser un conferencista motivacional?

¿Cuánto gana un conferencista en Guatemala?

Conozca su paga –

  • Salario mínimo y máximo de un Organizadores de conferencias y eventos – de QTQ3,115 a QTQ15,848 por mes – 2022.
  • Un/una Organizadores de conferencias y eventos gana normalmente un salario neto mensual de entre QTQ3,115 y QTQ6,537 al empezar en el puesto de trabajo.
  • Tras cinco años de servicio, esta cifra se sitúa entre QTQ4,234 y QTQ8,863 al mes con una semana de trabajo de 44 horas.
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